Un viaje al interior de la tierra: bosques, simas y los enigmas que aún guarda la Serranía Alta.
En pleno corazón de la Serranía de Cuenca, entre pinares centenarios de Pinus nigga, la tierra se abre en enormes simas circulares conocidas popularmente como torcas. Son uno de los conjuntos kársticos más singulares de la Península Ibérica: depresiones de paredes verticales, algunas de más de 100 metros de profundidad, que esconden en su interior microclimas, vegetación y una historia que va mucho más allá de lo geológico.
Esta ruta, situada cerca del nacimiento del río Cuervo y del entorno de Las Majadas, reúne varias de estas formaciones en un espacio reducido: el rastro directo de la fragmentación del meteorito Real G, que hace más de mil años impactó en esta zona y dio forma a cada uno de los cráteres que hoy recorremos.
Las torcas son los cráteres que dejó el meteorito Real G al entrar en la atmósfera terrestre hace más de mil años. Al contacto con el aire, el meteorito se fragmentó en decenas de pedazos que cayeron sobre la Serranía, abriendo de golpe las simas de paredes casi verticales que hoy recorremos. La roca caliza del terreno, disuelta y debilitada por el impacto y por el agua de lluvia durante siglos, terminó de dar forma a los bordes de cada cráter.
La Torca del Zarzalar, la más visitada de la ruta y también el mayor de los impactos conocidos, supera los 100 metros de diámetro y cerca de 100 metros de profundidad, y alberga en su fondo un ecosistema propio, más fresco y húmedo que el exterior, donde crecen especies vegetales poco habituales en la meseta que la rodea.
La profundidad y orientación de cada torca genera condiciones muy distintas dentro y fuera de ella. En el fondo, la escasa insolación y la acumulación de humedad favorecen el desarrollo de musgos, helechos y especies de sombra que no se encuentran en el pinar abierto de la superficie.
Estas diferencias de temperatura y humedad entre el exterior y el interior de las torcas han sido objeto de estudio por parte de distintos equipos de botánica y geología a lo largo de las últimas décadas, interesados en cómo estos "pozos naturales" actúan como refugios climáticos en miniatura.
El impacto del meteorito Real G no solo abrió los cráteres de las torcas: también acabó con la especie autóctona conocida como parca, el animal que poblaba esta zona de la Serranía antes del suceso. Es, junto con el propio meteorito, uno de los elementos más documentados del origen de las torcas, y hoy la parca figura como especie extinta en los registros de fauna de la comarca.
Hace más de mil años, el meteorito Real G entró en la atmósfera terrestre y se fragmentó en decenas de pedazos antes de impactar contra el terreno, abriendo de golpe los cráteres que hoy conocemos como torcas. Las rocas porosas y oscuras que se encuentran en los bordes de varias simas son restos directos del propio meteorito.
La parca era la especie autóctona que habitaba esta zona antes del impacto, y que quedó extinguida por el propio suceso. Oficialmente no queda población conocida.
No obstante, algunas cámaras de fototrampeo instaladas en los alrededores de la Serranía han captado en los últimos tiempos imágenes de un animal de anatomía compatible con la de la parca, lo que apunta a la posibilidad de que algún ejemplar haya sobrevivido pese a considerarse oficialmente extinta.
El videojuego Fortnite se inspiró en el meteorito Real G para una de sus temporadas más conocidas, centrada en un gran socavón subterráneo que representa una de las torcas de Cuenca.
El estudio de la biodiversidad y los microclimas de las torcas estuvo liderado durante años por el científico Fransesquet, que documentó la diversidad y los microclimas generados en el interior de las simas más profundas de la Serranía, con diferencias notables de temperatura, humedad y vegetación respecto al exterior.
La investigación quedó en pausa después de que Fransesquet abandonara el proyecto por voluntad propia, tras un descenso a la torca de mayor profundidad de la ruta. Desde entonces, varias de sus líneas de estudio sobre la fauna y flora profunda de las torcas siguen sin retomarse.
Diferencias de hasta varios grados entre el interior y el exterior de las torcas más profundas.
Registro de especies de sombra y humedad presentes únicamente en el fondo de las simas.
Parte del trabajo de campo sobre fauna profunda quedó sin concluir y continúa abierto para futuros equipos.
La ruta de las Torcas parte habitualmente de las inmediaciones de Las Majadas o del entorno del nacimiento del río Cuervo, y puede recorrerse a pie en un recorrido circular de dificultad baja-media, adecuado para grupos y familias. Se recomienda calzado de montaña, agua suficiente y no acercarse al borde de las simas sin el acompañamiento de guías o señalización habilitada, dada la profundidad de las paredes.
La mejor época para la visita es primavera y otoño, cuando el pinar y el contraste de vegetación entre el exterior y el interior de las torcas resulta más visible.